E N T R A D A S
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E T I Q U E T A S


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14 de septiembre de 2014

HUMBERTO QUAGLIATTA Y MOZART - QUE LAS HAY LAS HAY...


QUE LAS HAY LAS HAY…
 (Entrada que publiqué hace años y luego eliminé por temores heredados de la dictadura, Humbertito se merece una reedición)

No creo en nada. Pero en nada. Tá?
Fui siempre un desastre para la fe y cosas por el estilo. En mis tiempos de adolescente fui ateo, materialista dialéctico y todas esas cosas que uno era más que nada por haber leído algún libro de la Editorial Pueblos Unidos. Había uno en especial: “El Origen de la Vidade O.Oparin al que yo esgrimía como un ariete contra los curas de la parroquia del barrio, mareándolos con lagunitas calentitas, coacervados y aminoácidos primordiales. Que los átomos de nitrógeno en presencia del agua calentada por la lava y todas esas cosas. Ellos me contestaban con los típicos sofismas de Santo Tomás de Aquino y yo trataba de demostrarles que Dios era un perverso invento de las clases dominantes.

Así que yo de Dios, nada… Y de lo espiritual oculto menos.
Y no te digo nada de mi escepticismo con toda esa onda espiritista-new age-orientalista-ocultista-astrológica-místico-vegetariana. Cosas de señoras ociosas de Pocitos y de las revistas taroticas-ovni-macrobióticas de las peluquerías. Ambiente trucho y asfixiante que se respira en el incienso berreta de las tiendas de venta  de artículos de Indochina.   Y los mandalas… Por favor!! Mandalas a cagar…

A ver si me explico, para mí el misterio siempre fue importante, pero no ese misterio de angelitos de yeso pintados de dorado y velas con forma de pirámides o de películas del Viernes por la noche. Y tantas cosas “paranormales” que siempre me parecieron “para anormales”.

Todas estas vueltas son para que no se piensen que uno es un hombre fácil para eso del más allá.

Y para que sepan que lo que voy a contar es la pura verdad.

MOZART Y HUMBERTO QUAGLIATA

Allá por los años de la dictadura se había hecho famoso por estos lares un pianista. Bah, llamarle pianista es un poco insultante para los ejecutantes de tan noble instrumento. Este personaje, Humberto Quagliata daba (y todavía da), conciertos por todo el mundo, en especial en España, favorecido por las embajadas del gobierno militar. Había accedido a cierta fama a caballo de su relación non-sancta con el General Vadora, figura siniestra de un gobierno siniestro. Nunca mejor dicho “a caballo”, ya que el general y el pianista eran amantes. Bueno, eso se decía…
 Tenía también una especial habilidad para sacarse fotos con famosos, hasta con García Márquez, que no debe haber sospechado con qué facho se fotografiaba cuando lo hizo.
Ahora una digresión necesaria. Yo estaba en pareja con una pianista. Mozart era más sagrado que cualquier Dios de cualquier Olimpo. Eso tiene que ver con un verdadero culto mozartiano que se oficiaba en el conservatorio de su maestro, Santiago Baranda Reyes, en un ambiente musical montevideano que todavía conservaba viejas glorias de un pianismo de primer nivel.
En aquel tiempo la mencionada dama tenía en su casa un gran piano de cola y otro vertical.
Sobre la tapa superior del piano vertical había un pesado busto de Mozart, de bronce,  pegado a una maciza base de mármol rosado. Inconmoviblemente apoyado sobre la madera, daba trabajo moverlo para limpiarlo.

Bueno, el asunto es que Quagliata iba a tocar un concierto de Mozart en el teatro Solís con la Orquesta del Sodre. Y fuimos. Todo Montevideo fue, para ver el espectáculo de ese payaso del fascismo. Y lo vimos llegar al viejo Solís. Era la época en que todavía los artistas entraban por la puerta principal al igual que el público.
Sobretodo negro de terciopelo hasta el piso con enormes solapas, esmoquin impecable debajo, pañoleta de seda al cuello y como toque extravagante, unas enormes botas tejanas de taco alto por fuera del pantalón, llenas de tachas plateadas en punta de diamante. Era una figura inquietante, así, recortada contra las columnas de mármol.
Sacamos primerísima fila y nos sentamos bien enfrentados al piano. La primera fila de la platea era un poco baja, así que teníamos la banqueta del piano a la altura de los ojos.

Y bueno. El tipo entró taconeando con sus botas tejanas haciendo temblar las tablas, saludó, se acomodó en la banqueta y aquello empezó.  Yo no sé si todos los que leen esto tienen una idea de lo que es Mozart. Pero Mozart es música en estado puro. Es claridad. Juego cristalino con los sonidos. Abstracción. Delicadeza y fuerza. Ritmo perfecto. Liviandad profunda. Humor lleno de ternura.  Los buenos músicos tratan de dejarlo salir, sin empujarlo, sin énfasis baratos.
Cuando este individuo empezó a tocar el mundo se vino abajo. A un metro de nuestros ojos teníamos la bota tejana derecha marcando el tiempo contra la madera del piso mientras la bota izquierda oprimía neuróticamente el pedal. (usar pedal en Mozart queda como el orto, es el recurso de los que no son capaces de ligar de otra manera, es como los que abusan del eco en las grabaciones) La mano izquierda martillaba los bajos a un tiempo diferente del que marcaba la bota derecha y también diferente al ritmo de la mano derecha que pretendía “expresar” wagnerianamente las límpidas frases de Mozart.  Y todo eso, por supuesto, diferente al tiempo que marcaba el director. Brutalidad inaudita, vanidad sin límites, confusión e impunidad de un protegido de un régimen también brutal, vano, confuso e impune.

La expresión de mi partenaire era impagable. Su sufrimiento e indignación eran casi cómicos.
Aquel despelote musical no terminaba más. Estuvo a punto de levantarse e insultarlo. No podía estar quieta en la butaca. Yo trataba de contenerla, ya que el teatro estaba lleno de milicos.

Bueno, todo terminó y nos fuimos en medio de los aplausos.
Directo a la casa. No había ánimos para ir a tomar nada.

Llegamos. Abrimos la puerta de la casa en la que nadie había estado en todo el día.
El busto de Mozart  estaba en medio del piso de la habitación. Había caído desde la tabla superior de la caja del piano sobre la tapa del teclado que mostraba una profunda marca producida por la punta de la base de mármol y de ahí había rebotado a dos metros de distancia. 


 NOTA: Acabo de entrar a Internet. Quagliata aún existe y parece ser bastante conocido en España. Es más, lo consideran un grande. No sé si me cerrarán el blog.  Pero para mí es y será siempre una cagada.

8 comentarios :

  1. Santi:
    Acabo de hacer una pasada por la página del propio Quagliata y echarle una mirada a su "biografía" que está firmada por....¡Tatán tatán!: José Luis GARCÍA DEL BUSTO.
    ¡Y después de estas palmarias demostraciones de que ÉL existe, insistís en no creer en nada!
    Si no es dios será "el maligno" el que está metiendo la cola. Yo tampoco creo en las brujas, pero....

    Con relación al ocultismo-astrológico-orientalismo y al oculismo o los culismos que sean... recuerdo un graffitti de mayo del 68 : "Abajo el orientalismo neo-exótico"
    Para terminar quiero expresar un deseo retroactivo con relación al regreso de aquella soireè con la dama del piano: espero que lo único que se haya venido abajo haya sido el busto de Mozart...
    Un abrazo

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    1. Querido Fernando, te estoy debiendo un largo mail. El Tata está acá en casa, como siempre chupando, mientras mi hermana la pasa mal en Italia. Y sí, vos sabés que ese busto se vino abajo hace más de 30 años pero el resto de la estantería recién se terminó de caer hace 3 y pico.
      Veo que seguís sin arreglar ese asunto de que tus posteos avisen cuando salen. Cuando termine de hacer un trabajo de miércoles que estoy haciendo juro que te escribo y me doy una vuelta por tu blog.

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  2. Muy bueno, Santi. El suicidio del busto debe haber sido muy impactante cuando entraron en la casa. Aunque también da que pensar en una humorada de las de Mozart, para que tu novia se distendiera.
    -Alfredo-

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    Respuestas
    1. Jeje, a mi novia de entonces no la distendía nada, bueno, un día te contaré.
      Entre otras cosas, ¿Qué Alfredo sos? ¿Capano o Gómez?

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  3. Alguna vez escuché que el general era homosexual. Nunca he escuchado la música del tal Humberto, claro que no estoy nada puesta en música, aunque a Mozart, no sólo le conozco como todo el mundo sin que le disfruto y mucho. Imagino que para los entendidos, como podía ser tu pareja de entonces, o tú mismo, debió ser un insulto aquel concierto. Es triste comprobar que aún habiendo pasado aquellos tiempos de inquisición franquista, todavía los poderes fácticos sean los que deciden quién triunfa y quién no en la música ( o en cualquier otra disciplina). Pero lo que ha llamado mi atención es que para no creer en el ocultismo o fenómenos paranormales o llámalo como quieras, Mozart seguro quiso decirte algo. Abrazos

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  4. Fe de erratas: Donde dice "sin" lease "sino"

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  5. Espectaculaaaaar!. y si hay en tu memoria mas cuentos sobre aventuras y desventuras del Uruguay en dictadura
    me encantaria leerlas.Me parece que es algo que falta en la literatura actual uruguaya. Se ha escrito mucho desde el punto de vista politico, historico ,pero creo que ha nadie le ha ocurrido hacer una recopilacion de cosas que le pasaron a la gente que no estaba presa ni exiliada, pero que a pesar de las angustias diarias lograba reirse y seguir viviendo . Gracias por compartir el concierto .

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  6. Puse una hache de ma's.
    Sorry, es el miedo que aun me produce la palabra Vadora
    Marossa

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