E N T R A D A S
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E T I Q U E T A S


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26 de marzo de 2008

VILLA SORIANO (ahora sí)





Ya les dije que fui a Villa Soriano.
Villa Santo Domingo de Soriano.
Me dijeron que es la población más antigua de Uruguay.
De hecho, el Jueves pasado festejaron los 300 años de la fundación.

Llegamos de madrugada y nos recibió esta luna entre las ramas de un timbó gigantesco. Perfecta bienvenida a lo Cúneo.

Me fascinó la belleza del río. Y me gustó la paz que se respira.


Me encantó ese muelle de madera que se mete muy adentro del agua rodeado de camalotes y juncos.


Y botes fantasmales que parecen no moverse nunca, apretados por los camalotes.



Y una o dos casas espectrales llenas de no sé bien qué.



Pero empecé despacito a recorrer el camino de la decepción.
Es que uno tuvo, tiene, una romántica, burguesa y un poco esnob fantasía con las cosas viejas. De hecho amo los herrajes oxidados y las paredes descascaradas y me imagino historias de humanas miserias y glorias pasadas entre esos muros. En muchos lados mantienen y restauran esas construcciones. A uno le gusta engañarse un poco con esas cosas, con esas escenografías que reviven un poco modos de vida olvidados y pasiones que uno se imagina fuertes y oscuras, con el encanto de lo que no puede volver y no se sabe bien cómo fue. Por eso uno se deja hechizar por Colonia del Sacramento, aunque supone que muchas de las restauraciones son un poco truchas. Lo mismo me pasó en Anhatomirim y en Santo Antonio de Lisboa en Brasil. Cuando veo fotos de lo que realmente había antes de la reconstrucción, concluyo que no había casi nada y que arqueólogos y arquitectos hicieron lo que pudieron a fuerza de material iconográfico, textos, planos y mucha imaginación.
Quiero decir con esto, que a uno le gusta lo ruinoso, pero también que nos vistan la historia con cierto grado de presentabilidad. Y aquí en la Villa, lo que hay no es deterioro ni restauraciones fantasiosas.

Lo que hay es destrucción lisa y llana. Y una asombrosa indiferencia.


Y corrupción administrativa.
Y olvido total por parte de las autoridades.
Y no hay un sentido de comunidad. Todos quieren irse a Montevideo o a Mercedes. Los que no quieren irse, quieren sobrevivir como siempre de la pesca y de los empleos municipales fruto del clientelismo político y que nadie los moleste. No les importa nada, y menos esos ladrillos vetustos. De pronto tienen razón…Por eso, porque no quieren el turismo, es que dejan que todo se destruya hasta ser irrecuperable. Es un dilema. Probablemente el turismo acabaría afectando el clima de aldea intemporal del lugar. Pero si a la Villa no llega el turismo, en pocos años será solamente un recuerdo, un muelle enclavado en un río hermosísimo, rodeado de escombros irreconocibles. Muchos materiales de predios históricos ya han sido usados por funcionarios de la municipalidad para hacerse sus propias casas. Eso pasó con el 80% de las ruinas de la casa del General Galarza.
Este ensañamiento con la casa de Galarza puede deberse a que aquí la administración es blanca y Galarza fue un general colorado, bastante sanguinario. Mezquindad pura. Imbecilidad política.

Al único que parece importarle el pueblo y su supervivencia, es al Orejano, viejo hippie, artesano, peñarolense, medio tupamaro, compañero de pesca de Tabaré Vázquez. El único verdadero personaje del lugar. Pero él no es de ahí. Es de Maldonado y vino a la Villa hace 20 años. El Orejano es bastante histriónico, y pasa el día sentado en su silla de ruedas frente a su puesto de artesanías, (el único puesto) Al Orejano le cortaron una pierna. Es diabético.

Es el personaje que recibe y guía a los argentinos que ocasionalmente bajan de algún yate y les cuenta las historias del pueblo a las que adorna un poco. El Orejano tiene locos a los políticos y a las autoridades locales con pedidos y reclamaciones y explica que fue el primero en hacer una huelga de hambre en el interior. Tomó la iglesia y se instaló con su mate y no comió hasta que le construyeron la casa que por ley le correspondía por ser inválido e indigente. También se encadenó a un banco de la plaza hasta que logró que lo transportaran en ambulancia a Mercedes cuando debió ser amputado. Y está lleno de proyectos interesantes para el pueblo, que nunca dejarán de ser proyectos.
Resumiendo: El Orejano es el único personaje interesante de la Villa, lleno de vida e historias, un poco fantaseador, consciente de su encanto y sabedor de los detalles de los increíbles casos de corrupción política del lugar.
Sin el Orejano, la Villa sería mucho más aburrida.


Lo mejor conservado del pueblo es la iglesia.
y es muy emocionante el descenso de Cristo de la cruz, que se realiza el viernes santo. Tienen un Cristo articulado hecho por los indios de las misiones jesuíticas. Tiene barba y pelo natural. La ceremonia es muy fuerte, hasta para los que no somos creyentes.

Por lo demás, este pueblo está sembrado de taperas y agoniza a ojos vistas.




Y en sus calles nunca hay un alma, a ninguna hora.



Bueno, pero pasamos cuatro días en una cabañita a orillas del río, recostados a los juncales y al muelle, comimos patí, boga, vieja del agua y terminamos con una tremenda orgía de carpincho a las brasas regado con caipirinha y un malbec y un cabernet sauvignon proporcionados por una pareja de navegantes argentinos que participaron de la reunión a orillas del río con nosotros y el Orejano.
Interesante pareja los argentinos. Carlos es violoncellista del Teatro Colón y Vicky es psicóloga. Hicieron una ya famosa travesía a las Malvinas, solos en su velerito.
Y SI QUIEREN VER TODAS LAS FOTOS DE VILLA SORIANO ENTREN AQUÍ:

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