E N T R A D A S
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E T I Q U E T A S


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10 de agosto de 2008

LOS BLOGS ASESINAN A LOS TALLERES LITERARIOS - Hernán Casciari

Hernán Casciari es un bloguero ya mítico. No pude resistirme a postear este artículo de su blog "Orsai"

Un amigo me confiaba vía mail que quería empezar un taller literario. "Estoy seguro que vos no creés en esas supersticiones", sospechaba en su correo, y la verdad es que tiene razón. Me resultó extraño este deseo en mi amigo, porque tiene una una prosa muy original y una bitácora excelente donde lo demuestra. Y yo realmente creo que escribir en un blog le hace mucho mejor al estilo de cada uno que cualquier cursillo en el que un facineroso te quiere transmitir lo inexplicable: el arte de contar historias.
Si hubiera que creer en algo alrededor de la creación literaria y sus secretos, yo solamente creería en dos verdades: desde siempre, en el decálogo del buen cuentista que escribió Horacio Quiroga a principios del siglo pasado; y desde este siglo, en publicar textos online, más o menos todos los días, para que los lean y comenten un grupo de desconocidos de cualquier parte del mundo. No hay nada mejor para mejorar tu prosa que alimentar un blog.
Los talleres literarios se usaban mucho, en el pasado inmediato, con un fin muy alejado al narrativo. La mayoría de la gente concurría para ver si podía coger. Un porcentaje algo menor se apuntaba para que alguien leyera sus cosas. Y una minoría, muy discriminada, realmente tomaba parte para estilizar su técnica. Éstos últimos se decepcionaban pronto, y se daban a la fuga en el preciso momento que descubrían que quien brindaba el taller también lo había abierto para poder coger.
Es casi un hecho que estos talleres, tal y como los conocemos, acaben muriendo pronto, en manos de una Internet que ya cumple con creces sus dos funciones sociales: mostrar textos y coger. Los que quieren aprender a escribir pueden tener su bitácora gratis, y los que prefieren la cópula pueden darse de alta en el chat de AOL.
Lo que no entiendo es cómo estos cursos improvisados funcionaron tan bien durante el siglo veinte, porque, ¿qué más se le puede enseñar a una persona que ya conoce las 27 letras del abecedario, que ya sabe cuál es la forma de concatenarlas para formar palabras en su idioma materno, y que no le está vedada la manera en que cada una de esas palabras, unidas, forman ideas? Eso es todo lo que hay en la literatura, y viene gratis en la escuela primaria. Lo demás es intransferible.
Aunque los folletos de los talleres y los programas impresos de la Facultad de Letras lo oculten, no todo el mundo aprende a escribir historias mediante el método de la enseñanza. Por ejemplo, una persona que no sabe contar una anécdota con algo de gracia en una sobremesa jamás podrá narrar decentemente. Alguien que desconoce las bases inmorales de la seducción no logrará nunca envolverte con su prosa. Ni tampoco sabrá engañarte con un buen cuento aquel que va siempre, en la vida diaria, con la verdad por delante.
El asunto pasa por tener algo interesante de lo que hablar, lograr seducir impunemente y ser un mentiroso cabal: éste es el trípode con el que se debería sostener, solita, cualquier historia digna de ser contada. El que no tiene nada interesante que decir no es escritor, es político; el que no sabe seducir tampoco es escritor, es mimo; y el que no sabe mentir cuando escribe es periodista y —para mal de males— de un periódico independiente.
Es cierto: hay trucos narrativos que te sueltan un poco la mano. Un profesor literario puede instruir al grupo de alumnos sobre las bondades de callar lo importante, de corregir exhaustivamente, de provocar suspenso, de que el principio de la historia es tan importante como el final, de la ventaja de leer a los clásicos, etcétera. Pero eso no convierte al curso en un taller literario. Si lo fuera, también podríamos decir que un señor que te descubre que el acelerador sirve para que el coche circule y el freno para que se detenga, posee un taller mecánico.
Todo el asunto radica en tener, o no, un estilo propio. Y la mayoría de los talleres son nocivos a estos efectos. Si concurre al taller un narrador mediocre sin estilo literario, las más de las veces acabará imitando, y mal, el estilo del alegre profesor que imparte el curso. Y si se apunta al cursillo una persona que ya tiene un estilo definido —como es el caso del amigo con el que hablaba sobre este tema— lo más probable es que el taller intente limar esa personalidad hasta unificarla con la del grupo. (Lo mismo pasa en los Institutos de Enseñanza Radiofónica con los aspirantes a locutores: entran mil voces diferentes y salen todos con la misma entonación efeéme.)
Y esto es así porque aquello que llamamos "trucos literarios" no son más que las diferentes formas de escribir del profesor; su visión de la literatura y su modo de plasmarla en el papel. Y está claro que hay tantos métodos como cantamañanas abren un taller de narrativa. El estilo personal de cada quién es algo que está oculto pero latente. Y en general los profesores de talleres entienden bastante poco de literatura, pero muchísimo menos de mayéutica.
El mandameinto tercero de Horacio Quiroga, en su "Decálogo del buen cuentista", habla justamente de la personalidad narrativa. No está mal recordarlo:
—Resiste cuanto puedas a la imitación —nos alerta el uruguayo—, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
Una buena manera de descubrir nuestra personalidad literaria (llamada en el barrio "el estilo") es la siguiente: buscamos en nuestra memoria un escritor que hayamos leído mucho y, luego de abrir el word, escribimos una pantalla entera imitando descaradamente su prosa. Garabateamos cualquier boludez, lo que nos pasó ayer a la tarde, por ejemplo, pero con la personalidad literaria del autor elegido; luego nos reeleemos. Todas las frases que no se parezcan en nada al narrador remedado, ésas, habrán sido dictadas por nuestro estilo, el que duerme al acecho en el interior de la mano.
Para el gran cuentista Augusto Monterroso hay, además, otras cuestiones de suma importancia para ser un buen escritor. Nos explica una de ellas en el mandamiento séptimo de su decálogo:
—Aunque el éxito es siempre inevitable —nos dice—, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
Yo creo, al igual que mi admirado hondureño, que la amistad con otras personas del mismo palo es fundamental para mejorar la técnica. Que un puñado de buenos amigos se entristezcan por nuestros fracasos literarios es, muchas veces, más importante que un éxito humilde loado por cien mil desconocidos. Y el leerle a un grupo de amigos (no azarosos compañeros de taller, sino amigotes) las historias que uno escribe, tiene más rédito que cualquier cursito barato. Si Quiroga o Monterroso hubiesen escrito sus decálogos en esta época, habrían incluido, entre sus consejos, éste:
—Escribe tus historias en un blog e intenta interpretar las sensaciones de los comentaristas; no sus aplausos o críticas, sino la temperatura que provocan tus textos.
En lo personal, utilizo el decálogo de otro gran novelista (el chileno Roberto Bolaño) para escribir mis bitácoras. Claro que él hablaba de cuentos, pero yo lo he reinterpretado para la publicación de mis blogs. Sus mandamiento primero y segundo son muy claros en este sentido:
—Nunca abordes los cuentos de uno en uno; honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte —y en el segundo da detalles—: lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
Y es verdad: la pasión por escribir y la excelencia al hacerlo se alimentan únicamente escribiendo. Ésta es otra ley de la literatura por la que es aconsejable publicar un blog. El primer mandamiento de Monterroso no deja lugar a dudas:
—Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre —nos aconseja el centroamericano.
Cualquiera de los tres narradores nombrados en este artículo hubiesen visto con buenos ojos las bitácoras como nobles potenciadoras de la literatura, y agregarían de buena gana el consejo de escribir en ellas como undécimo mandamiento de sus decálogos. Yo me limito, para acabar, a incluir dos consejos más, de suma importancia a la hora de escribir: olvidarse de los talleres literarios y leer los libros de Augusto Monterroso, Roberto Bolaño y Horacio Quiroga.
Todo lo demás, es puro cuento.

Hernán Casciari

NOTA IMPORTANTE: Para las amigas españolas y los amigos españoles, la palabra "COGER" que figura en el texto de Casciari, significa "FOLLAR" en Argentina y Uruguay. Hago esta aclaración para evitar confusiones que ya se han producido, que son muy graciosas pero que cambian el sentido del texto original.

20 comentarios :

  1. Excelente idea la de compartir este texto de Casciari, Santi. Da para pensar y discutir un montón. Yo no sé si los talleres literarios serán como los pinta este hombre, porque jamás fui a uno, pero tampoco soy escritora ni lo pretendo, así que da igual.
    Y lo de compartir los textos que uno escribe con otros, con amigos, con "pares", es lo que hacemos todos los días...

    Lo que descubrí leyendo esto es que soy periodista de periódico independiente... Jijiji!

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  2. Hola, Santi!!!!!!!! Cómo los extraño! En estas últimas semanas me han pasado tantas cosas que tengo material para mis sobras completas. No voy a ir al taller literario. Nunca fui. No iría salvo que fuera soltera, ahí...lo pensaría...La necesidad tiene cara de tallerista literario o de comité y, a veces, de copropietario en asamblea(Qué sacrificio!. Con que haya gente, basta. Casciari tiene razón.Igualmente creo que hay también gente abre sus blogs por necesidad de sublimación (otra cosa no se puede), quizás hayan ido al taller y no han salido satisfechos...Vaya a saber...Mejor no hablemos de los que escriben a solas y no le muestran nada a nadie, porque quién sabe a qué conclusiones llegaríamos...
    Creo que todos, de una forma u otra, necesitamos de la opinión del otro. Y en eso, tanto blogs como talleres están muy, muy emparentados...Claro que acá está difícil cumplir con todos los objetivos de quien va a un taller, si consideramos los expuestos por Casciari...En fin, creo que todos compartimos la dependencia, la necesidad de la palabra del otro. Y el blog de la da al instante, Tiene otras perversidades: la frecuente práctica de la cortesía como una forma de hipocresía light, el apuro al escribir,el anonimato, la ilusión de una comunicación, la imposibilidad de mirar a los ojos al otro y siguen... Por supuesto, no digo que no tenga bondades y en mi caso, yo he encontrado en la cofradía un ramo de ellas. Pero ahora, tengo que dejar de escribir. Besotes y abrazos

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  3. Donde dice "o de comité", debió decir "militante de comité"

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  4. Qué bueno que hayas puesto esto Santi. Yo soy fiel seguidora suya, me resulta tan fresca su manera de relatar, y casi siempre me identifico mucho con las anécdotas que cuenta. Y justo esta que habla de los blogs, creo que es un acierto total para interesarnos a todos nosotros, los de esta raza emergente.
    Y te cuento que hace dos semanas cuando presentaba su libro en Bs As, yo tenía mi pasaje, pero no en la mano, ya que me había invitado mi vieja, y dos días antes de salir nos peleamos, y no nos dirigimos la palabra como por 4 días, por lo que me perdí de ir a verlo, por el puto orgullo que me pasó por encima como una aplanadora. Qué gila, no sabés cómo me chupé...
    En fin, me encantó encontrar este artículo en tu blog.
    Besos padrino.

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  5. Pd: Al igual que Andrea, cuando por primera vez leí este texto yo tb descubrí algo:
    Siguiendo la lógica de Hernán, jamás podré narrar nada decentemente.

    Y cito:

    "Por ejemplo, una persona que no sabe contar una anécdota con algo de gracia en una sobremesa jamás podrá narrar decentemente".

    Ni en una sobremesa ni en ninguna parte jamás podré contar una anécdota, y menos aún con algo de gracia. Yo necesito verter las letras y las ideas afuera de mí, tirarlas sobre algún papel o pantalla, para poder fluir, ordenar y contar algo. De todos modos, como nadie me obliga a que lo haga decentemente cuando narre, me siento ampliamente libre de escribir lo que se me cante
    :P

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  6. me cae bien casciari, lo vengo leyendo. algo parecido a lo que dice, por lo menos en parte, acerca de los talleres literarios, lo escuché ya de los talleres de teatro o de otras disciplinas, de los que se suben a un escenario, de los que van a la facultad, de los que militan. en fin, tal vez el ímpetu de pretender coger sea lo que encienda todas las demás ganas de cualquier otra cosa.

    un beso.
    muchas gracias por lo de allá.

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  7. No Andrea, usté no es una periodista de periódico independiente. Usté es la Wimpi del S.XXI. Iba a decir "Wimpi con faldas", pero ya no se usan casi.

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  8. Hola Ro. Al fin volviste un poquito. Tenés razón en lo de las contras de los blogs, pero es lo que hay. Lo de la hipocresía es cierto, pero creo que es solamente elegancia, no querer herir al otro, pero la temperatura se siente igual, como dice Casciari.
    Y la hipocresía light esa que decís es realmente infumable en los foros literarios pero en los blogs uno se sincera más. Claro, falta el gesto, la mirada, el tono de voz, pero eso lo hace todo más interesante y lleno de misterios para develar.
    Qué lindo que volviste. Yo necesito tu opinión y tengo la esperanza de que no seas demasiado hipócrita. Un poquito nomás, para no hacerme pelota.

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  9. Vachi:
    No me creo eso de que no sabés contar una anécdota con gracia. Flor de mentirosa. Alguien que escribe como vos, de manera tan fresca y luminosa no puede ser un zapato hablando. Y qué boluda, pelearte con tu vieja antes del viaje...¿Cuántos años dijiste que tenías? ¿16?
    El padrino.

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  10. Ella También:

    Hola, me encanta que te encante Casciari. A mí me hace mucha gracia. En general los argentinos inteligentes como él nos hacen gracia por esa cosa cancherita, tan porteña y un poquito agrandada que tienen, esa soltura amarga. La certera ironía. El desenfado. Yo les envidio eso como buen yorugua apocado y timidón.

    Bueno, sin caer en la cortesía hipócrita que dice Rossana, te digo que tus poemas son muy buenos y de un nivel muy parejo. Aunque uno no es nadie para andar emitiendo juicios...

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  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  12. excelente post el que has transcrito y creo que bastante cierto.

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  13. A mí me encantó lo que dice Casciari; estoy en un todo de acuerdo con él respecto a lo que dice de los talleres literarios.Así también hay muchos muy paquetes, o reventados,de pintura. No sé si serán todos así como los describe - alguno en serio habría cuando no existían los blogs- pero todo lo que dice es cierto. Me paspan los pseudointelectuales que escriben como el orto y se creen Shakespeare y se alcahuetean y se aplauden y son snobs y no se puede soportar su autoestima tan alta y su vanidad desbordada. No los banco, por eso antes de ir a un taller literario he preferido tocar la flauta con el Santi.
    Tiene razón lo que dice Ross, también, respecto a que a veces hasta los de la cofradía nos pasamos la mano por el lomo; si no nos entusiasmamos nosotros¿quién si no?... Pero es cierto lo que dice Casciari, no hay que atender exactamente a las palabras de los comentarios, sino a la temperatura que levanta el post, a las reacciones que provoca. Estamos ante una nueva forma de transmitir la literatura y de crearla, de eso no hay dudas. Ya lo saben, yo no estoy ni de correctora ortográfica en el periódico independiente, pero cómo me gusta bloguear. Mi amigo Charles debería leer esto que publicaste.
    Me voy a ver si encuentro al tal Hernán para leerlo. Besote, Gordito.

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  14. ¿Un zapato? No, obvio que no. Eso sería subestimar mis aptitudes. Más acertado puede ser una botita de gamuza, una alpargata llena de bigotes o en realidad, una chancleta, de las que usan los viejos, esas marrones con una tira ancha, que no tienen el pedacito que pasa entre el dedo gordo y el siguiente... ojalá algún día tengamos oportunidad de que lo corrobores:) Es un proceso pintoresco. La voz se me empieza a evaporar, al mismo tiempo que mi cara se tiñe de color frambuesa.

    Respecto a mi edad... creo que cuando tenga la tuya aún voy a seguir peleándome así pasionalmente con mi vieja, una o dos veces al mes, como me pasa siempre desde hace unos once años :) Y es inmadurez, puede ser, pero viene de las dos partes, por eso te digo que no es un tema de edad sino de genes.

    Besos padrino! (Gracias!!!!!!!!!!)

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  15. Al fin alguien que habla bien del ejercicio bloggeril. No es fácil, no es fácil. Por supuesto que encontramos de todo en estas aguas pero cuánto vale esta oportunidad de escribir y leerse, en mi caso mucho.
    Mando saludos para todxs.

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  16. Le Santi:

    Interesante entrada, que bueno que lo subieras tu también por aquí, de no haber sido así, seguramente nunca hubiera logrado leerlo, gracias por eso.

    Sobre la entrada en sí, nunca fui a un taller literario, es verdad que lo que describe el texto es cierto, conozco un par (y con eso alcanza) que han ido, y las experiencias son demasiadas pobres. El tipo que dicta el curso, casi siempre un escritor fracasado, resentido, un viejo estudiante de letras que no progreso en la vida, que apenas si edito un librito y se las da de Cervantes, Unamuno, Borges y Cortaza juntos, te dicen que hacer y que no hacer a la hora de escribir. A mi me parece que esta bien aprender, por ejemplo, semántica y sintaxis a la hora de escribir, de leer mucho para tener mas vocabulario, mas ideas para desandar el camino de la obra, pero es ridículo creer que alguien te puede enseñar a escribir solo con esos procedimientos. Además, quien dice que la obra tiene que ser de esta o esa forma, hay muchas maneras, maneras que exceden a las normas establecidas, a la formas conocidas, que uno puede utilizar para lograr que la obra se escriba correctamente, que es, transmitiendo algo al lector.

    No se sobre los blogs, de verdad, recién estoy en esto, me parece bueno en el sentido que hace que mucha gente escriba y lea mucho. Se tome el trabajo de hacerlo una vez al día o a la semana, eso es muy bueno, da practica, constancia y aprendizaje. No se si mas de ahí aporte algo, por lo tanto no estoy en contra, como podría estarlo, si es algo que suma y no que resta.

    Un saludo grande.

    HologramaBlanco

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  17. Me gusta leer los comentarios porque a veces son tan ilustrativos como el propio texto, pero en este caso, el tema me toca de lleno. He estado en varios talleres literarios hasta perder por completo mi personalidad literaria (o "estilo" en el barrio), si es que alguna vez la he tenido. Sólo logré acabar uno, y por puro empeño. Lástima no haber leído a Hernán Casciari antes. Lo bueno es que en uno de estos talleres descubrí a Quiroga através de una compatriota vuestra en uno de estos talleres, que por aquí siguen en auge y cogiendo (que supongo que significa "cobrando" y mucho. Quise comentar otro texto tuyo que me pareció buenísimo "1 dibujículo y 10 testículos menos 1", pero me faltaron palabras y tiempo. Ambos me recordaron lo difícil que es para mi encuadrarme en los parámetros, estructuras, etiquetas, presentación, nudo desenlace y siempre esa misma voz tras todos los relatos que antes de escribir piensas qué te va a decir, hasta que lo sabes por adelantado y dejas de escribir. Quizá pueda desintoxicarme un día de éstos, y recuperar la mía propia y vuelva a contar historias desde el corazón. Siempre me he preguntado dónde aprenderían a escribir Cervantes o Shakespeare o tantos otros grandes. En fin...Santi, que gracias por este regalo. Y si los blog se miden por la temperatura que producen los comentaristas, sin duda el tuyo tiene grados.
    Saludos a todos. (Antes de enviar mi comentario os leí)

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  18. Ay Carmen:
    Me duele tener que hacerte esta aclaración. Me duele porque tu comentario me hace ver cómo los localismos pueden hacer que no nos comprendamos. La palabra "coger" en rioplatense, mi querida amiga peninsular, significa nada más y nada menos que "FOLLAR". Así que te recomiendo releer el texto de Casciari a la luz de este nuevo conocimiento, cosa que le cambiará totalmente el sentido al escrito de marras. Por supuesto que ya estoy poniendo una aclaración para los lectores de la madre patria. Debí haberlo pensado antes y espero que tu léxico fornicatorio se haya enriquecido con esta variante regional.
    Creo que de todos modos lo medular del artículo lo has entendido, pero ese era un detalle importante, además de divertido.
    Me voy a editar la entrada.

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  19. Je, je, ejem, ejem. Cierto Santi. La verdad es que conocía ese localismo, pero no sé por qué lo relacioné con coger dinero. Es que los cursos son tan caros que siempre he pensado que es un negocio más. Y como negocio, depende con quién des, el aprendizaje pasa a un segundo lugar. Pero sin duda, el texto resulta mucho más divertido con la connotación adecuada. Gracias por la aclaración. Seguro que ya a nadie se le pasa por alto. Yo y mis despistes...
    En Madrid, los taxis se cogen.

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  20. Je, je, ejem, ejem. Cierto Santi. La verdad es que conocía ese localismo, pero no sé por qué lo relacioné con coger dinero. Es que los cursos son tan caros que siempre he pensado que es un negocio más. Y como negocio, depende con quién des, el aprendizaje pasa a un segundo lugar. Pero sin duda, el texto resulta mucho más divertido con la connotación adecuada. Gracias por la aclaración. Seguro que ya a nadie se le pasa por alto. Yo y mis despistes...
    En Madrid, los taxis se cogen.

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