Es diferente. Empecé a escribir así, como si nada y me salió eso, eso de que es diferente y me di cuenta de que es una palabra espantosa. Independientemente de que no tengo ni puta idea de qué es lo que es diferente ni a qué es diferente, la palabra en sí es una bosta.
Suena horrible. Además como que no tiene unidad, uno tiende a separarla: di-ferente. Y ferente suena todavía peor. Creo que casi todas las ferentes son una basura por el estilo; re-ferente, o-ferente. Recién veo que más arriba puse “independientemente”, que al terminar en “mente”, es otra bestialidad literaria. La gente que pretende escribir bien le escapa a las terminadas en “mente” como a la peste. Ahora veo que el problema no está en "mente" sino en "ente". Escaparle a algo “como a la peste” es también una poco recomendable frase hecha que tampoco debería haber puesto. Poner “poco recomendable” también es poco aconsejable ya que está muy trillado ese dúo verbal. Así que eso de dejar correr la pluma, entregarse a la voz interior y ser uno mismo como que no camina mucho, fundamentalmente si uno mismo es ese tipo de uno mismo al que le salen palabras malsonantes y frases hechas. No quiero aburrirlos, pero "malsonantes" es otra palabra que suena como la mierda, pero ahí está bien, porque no es contradictoria, digamos que es fiel a sí misma, malsuena como lo que es, es una malsonancia transparente y asumida, unidad total de forma y contenido, malsuena pero te dice que malsuena, que es lo que yo intento hacer pero no puedo. Porque convengamos que si uno malsuena desde las tripas, desde una honestidad esencial, por mal que suene, termina malsonando bien. Intento malsonar como lo que soy pero no puedo porque no sé lo que soy. O no quiero saberlo.
O sí sé lo que soy, soy un tipo que no sabe cómo va a resistir las interminables horas que faltan de aquí a los resultados del Domingo de noche y que intenta llenar el tiempo con estupideces y no acordarse de nada, ni de la marcha de las antorchas del 71 ni del llanto la noche que perdimos y que idiotamente pensamos que íbamos a ganar ni del 9 de julio después a las cinco de la tarde aquellas botas reventando a un amigo contra el suelo y los vidrios de las vidrieras cayéndome encima y esa década de mierda paréntesis siniestro que nos dejó clavados en el tiempo y el repliegue, el vergonzoso repliegue en el miedo, y el sacrificio de los que se siguieron jugando la ropa y Vicky muerta y todos los muertos y los sueños muertos y cerrar los ojos y caracolizar la vida para no pensar en las compañeras violadas y olvidarse mejor de la cara y la voz de los amigos torturados, olvidarse mejor de todo y después remontar y remontar y el NO del 80 pasar por encima de las momias coloradas y los soberbios patricios blancos dueños de vidas y haciendas, golpistas si necesario y demócratas cuando conviene y pasarles por encima gracias a los que no se replegaron nunca y la vergüenza de no tener los huevos para hacer lo mismo y entonces llegó la hora, que no fue la hora que soñamos un día porque la vida es cualquier cosa, menos simple. Porque que querés que te diga, nunca me gustó el Taba con su cara de bolero y sus raíces temblando pero ese día, el de la victoria, la foto en blanco y negro se empezó a colorear y empezó a entrar como un aire fresco y yo sé que no es la revolución ni nada de eso pero aparecieron los colores y empezamos todos a ser un poco más humanos y a recuperar cierto orgullo de ser de aquí y un poco también por qué no la ternura, pero claro había que ser perfectos, los otros no pero el Frente sí y claro, no fue perfecto y entonces aquí estamos pensando bobadas sobre el sonido de las palabras para no pensar en la jodida posibilidad de que en unos días, la mezquindad, los miedos y el egoísmo de los que sienten que merecen el cielo sin dar nada a cambio, nos vuelvan a arrojar a ese túnel absurdo, otra vez, cuando creíamos que estaba naciendo, de a poco, un país diferente.
