POSTEO LARGO Y ABURRIDO QUE NADIE TIENE LA OBLIGACIÓN DE LEER

A
nduve yo navegando por ahí en busca de material sobre la sección áurea.

Otro poco porque con EL GATO UTOPICO habíamos estado hablando de si Torres habría sido o no un pintor uruguayo y de las causas por las cuales en Uruguay se lo considera un símbolo nacional.
De la Divina Proporción, de Palladio, de Luca Paccioli y otros divagaré otro día.


Y lo que Torres buscaba con eso era algo muy grande y ambicioso. Y muy personal. Buscaba sintetizar toda la tradición clásica con las corrientes modernas en un lenguaje que sintonizara con lo cósmico uniendo el trabajo dentro de reglas que él consideraba eternas, a la intuición y a la sensibilidad contemporáneas. Era un poco mesiánico lo de Torres. Y vino a desarrollarlo aquí, porque pensaba que Europa estaba cansada y solamente de América podría salir este arte viejo-nuevo. Creo que el pensaba que de sus alumnos uruguayos podría salir algo prístino, nuevo, incontaminado por la fatiga creativa europea. Creo que se equivocó. Creo que tendría que haberse radicado en Ecuador o en Brasil. Creo. Pero Torres logró el milagro. Logró que nos identificáramos con él.
Lo que no es poca cosa teniendo en cuenta que era solamente un pintor, no era ni un político ni un general. Quizá porque nuestro espíritu pasaba por la misma escala de grises que su pintura. Aunque no sé, quizá eso vino después de él y a causa de él. No sé.
Y ahí es que entra la famosa “sección áurea”, como herramienta vinculante a una tradición, fundamentalmente a una tradición renacentista y barroca. Pero la sección áurea no es como muchos creen una receta, una garantía de belleza o una verdad natural. Para Torres era una forma de pisar firme en la tradición.Carlos Reherman dice:
“...un entusiasta docente a cargo de un taller de artes visuales organizado por la Intendencia Municipal de Montevideo decía que la validez natural y universal de la sección áurea explica la importancia de Torres. Ponía ejemplos de arquitectura griega, donde ciertas proporciones siguen esa razón matemática, y hablaba de que en la naturaleza se encuentra frecuentemente esa proporción.
Ni los griegos, ni los japoneses, ni la naturaleza sintieron nunca el menor interés por la sección áurea, salvo excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano. Errores semejantes tienen un sentido (aunque escape a la percepción del que los comete): INTENTAN LEGITIMAR UNA ACCIÓN ARTÍSTICA MEDIANTE SECRETOS UNIVERSALMENTE VERDADEROS. Desaparecen las diferencias culturales: el arte no es una cuestión del aquí y el ahora, sino una adecuación a unas matemáticas superiores, inmanentes. Hegel no lo diría mejor: "el arte es la representación del ideal".¿No podríamos aceptar un poco de inseguridad? El arte es esto que hago: tómalo o no, pero no me pidas que te lo explique mediante las matemáticas u otras razones externas. Según esa concepción, el arte no construye su propia historia, sino que es una especie de afección, un plegarse a determinados ideales o valores eternos. Es una visión que parte de la aceptación de una jerarquía basada en un saber y no en un hacer. Y nuestro lugar, país perisférico y pequeño, débil y simpático, no nos puede permitir el acceso a ese saber. Se trata de una visión conservadora, que insiste en dejarnos a la cola de lo que otros comienzan y promueven.”Me parece muy bueno el artículo de Reherman.
Creo que “ese saber” que menciona Reherman es el que pretendió “traernos” Torres. Por eso creo que Torres no era un pintor uruguayo. Creo que en realidad no existen los pintores uruguayos. No hay una “uruguayez” plástica.
Los alumnos de Torres, los mejores, trataron de salirse del trillo ortogonal y constructivista pero siempre a través de referentes europeos. En el caso de Gurvich a través de Chagall, El Bosco, Brueghel y de los flamencos en general, tendiendo a una pintura más analítica y popular. Es cierto que temáticamente aparecen en Gurvich y Fonseca el Cerro o en Storm los gauchos, pero sólo temáticamente, no en el lenguaje.

Por todo eso creo que si hay algo que distingue al arte uruguayo del resto del continente, es su fuerte europeísmo. Europeísmo que también existe en el arte argentino, pero los argentinos miran a Europa cada día. Nosotros vemos a Europa a través de los ojos de Torres. Y nos dejó un legado de austeridad, pasión, rigor y probidad que es bueno que valoremos independientemente de la vigencia o no que tengan hoy sus teorías. Porque cayó aquí, en esta perisferia provinciana demasiado temprano trayendo todo un concepto insospechado de arte moderno. Y nos cambió la cabeza a todos, a pura fuerza de carácter y convicción. Es el misterio del poder de algunos individuos. Es bueno valorarlo en este momento en que la frivolidad , el esnobismo y el mercado dominan el mundo del arte.
Es nuestro Artigas artístico.
nduve yo navegando por ahí en busca de material sobre la sección áurea.Un poco porque hace tiempo que se me perdió el libro “Universalismo Constructivo” de Torres García y un posteo de MORISOT sobre el uso de la sección áurea en “La última cena” de Dalí me hizo sentir la necesidad de releer cosas sobre la Divina Proporción y entender por qué Torres García la utilizaba como algo fundamental en su obra.

Otro poco porque con EL GATO UTOPICO habíamos estado hablando de si Torres habría sido o no un pintor uruguayo y de las causas por las cuales en Uruguay se lo considera un símbolo nacional.
De la Divina Proporción, de Palladio, de Luca Paccioli y otros divagaré otro día.
Pero ahora se me vinieron a la cabeza una serie de reflexiones sobre Torres a raíz de esa observación de EL GATO, de que los uruguayos andan por ahí llenos de íconos torresgarcianos en su ropa, en sus materas, en sus vasos grabados, en sus agendas.
Llama la atención porque los planteos estéticos de Torres provienen claramente de las vanguardias europeas de las primeras décadas del siglo XX y tienen muy poco que ver con lo local. Tienen más que ver con la reafirmación de una cultura mediterránea y latina por contraposición a una cultura nórdica y sajona. No olvidarse que Torres partió para Cataluña a los 17 años y recién regresó a Uruguay a los 60. Hay un libro, editado hace poco, que recopila los escritos de Torres durante su estadía en Nueva York, es un libro imprescindible para darse cuenta cuál era el mambo que Torres tenía con la cultura anglosajona y sus propias contradicciones. Amor-odio era lo que Torres sentía por la Norteamérica anglosajona. Fascinación y desprecio.
Llama la atención porque los planteos estéticos de Torres provienen claramente de las vanguardias europeas de las primeras décadas del siglo XX y tienen muy poco que ver con lo local. Tienen más que ver con la reafirmación de una cultura mediterránea y latina por contraposición a una cultura nórdica y sajona. No olvidarse que Torres partió para Cataluña a los 17 años y recién regresó a Uruguay a los 60. Hay un libro, editado hace poco, que recopila los escritos de Torres durante su estadía en Nueva York, es un libro imprescindible para darse cuenta cuál era el mambo que Torres tenía con la cultura anglosajona y sus propias contradicciones. Amor-odio era lo que Torres sentía por la Norteamérica anglosajona. Fascinación y desprecio.

Para mí Torres es un pintor catalán. Es cierto que Torres después hizo el famoso mapa invertido e incluyó en sus obras constructivas símbolos y palabras que conceptualmente tenían un vínculo con lo local y también con las culturas precolombinas.

Y es también cierto que redondeó sus teorías en Uruguay a través de las ciento cincuenta y pico de conferencias que forman el Universalismo Constructivo. Hubo en eso una voluntad de americanismo, una voluntad ideológica. Quizá sea eso lo que los uruguayos rescatamos y por eso andamos con las materas y las camisetas con reproducciones como banderas de algo. Es como las materas con el Che, o con el escudo de Peñarol o el logo del FA. Señas de identidad. Pero en general lo malentendemos a Torres y pensamos que era un señor que pintaba todo en rectangulitos con macaquitos adentro y palabritas, con una paleta más bien baja y midiendo todo con un compás que en realidad no sabemos bien cómo ni para qué lo usaba. Las maestras piensan lo mismo y aceptan acríticamente que es el mayor pintor uruguayo de todos los tiempos aunque en general no les gustan los rectangulitos y les parece algo infantil esa pintura y prefieren al Blanes de la Carlota Ferreira, pero si los que saben de arte dicen que es algo maravilloso seguramente lo será y entonces eso es lo que le enseñan a los niños y todos contentos a pintar rectangulitos sin la más pálida idea de qué era en realidad lo que Torres buscaba con eso.
Y lo que Torres buscaba con eso era algo muy grande y ambicioso. Y muy personal. Buscaba sintetizar toda la tradición clásica con las corrientes modernas en un lenguaje que sintonizara con lo cósmico uniendo el trabajo dentro de reglas que él consideraba eternas, a la intuición y a la sensibilidad contemporáneas. Era un poco mesiánico lo de Torres. Y vino a desarrollarlo aquí, porque pensaba que Europa estaba cansada y solamente de América podría salir este arte viejo-nuevo. Creo que el pensaba que de sus alumnos uruguayos podría salir algo prístino, nuevo, incontaminado por la fatiga creativa europea. Creo que se equivocó. Creo que tendría que haberse radicado en Ecuador o en Brasil. Creo. Pero Torres logró el milagro. Logró que nos identificáramos con él.Lo que no es poca cosa teniendo en cuenta que era solamente un pintor, no era ni un político ni un general. Quizá porque nuestro espíritu pasaba por la misma escala de grises que su pintura. Aunque no sé, quizá eso vino después de él y a causa de él. No sé.
Y ahí es que entra la famosa “sección áurea”, como herramienta vinculante a una tradición, fundamentalmente a una tradición renacentista y barroca. Pero la sección áurea no es como muchos creen una receta, una garantía de belleza o una verdad natural. Para Torres era una forma de pisar firme en la tradición.
“...un entusiasta docente a cargo de un taller de artes visuales organizado por la Intendencia Municipal de Montevideo decía que la validez natural y universal de la sección áurea explica la importancia de Torres. Ponía ejemplos de arquitectura griega, donde ciertas proporciones siguen esa razón matemática, y hablaba de que en la naturaleza se encuentra frecuentemente esa proporción.
Ni los griegos, ni los japoneses, ni la naturaleza sintieron nunca el menor interés por la sección áurea, salvo excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano. Errores semejantes tienen un sentido (aunque escape a la percepción del que los comete): INTENTAN LEGITIMAR UNA ACCIÓN ARTÍSTICA MEDIANTE SECRETOS UNIVERSALMENTE VERDADEROS. Desaparecen las diferencias culturales: el arte no es una cuestión del aquí y el ahora, sino una adecuación a unas matemáticas superiores, inmanentes. Hegel no lo diría mejor: "el arte es la representación del ideal".¿No podríamos aceptar un poco de inseguridad? El arte es esto que hago: tómalo o no, pero no me pidas que te lo explique mediante las matemáticas u otras razones externas. Según esa concepción, el arte no construye su propia historia, sino que es una especie de afección, un plegarse a determinados ideales o valores eternos. Es una visión que parte de la aceptación de una jerarquía basada en un saber y no en un hacer. Y nuestro lugar, país perisférico y pequeño, débil y simpático, no nos puede permitir el acceso a ese saber. Se trata de una visión conservadora, que insiste en dejarnos a la cola de lo que otros comienzan y promueven.”Me parece muy bueno el artículo de Reherman.
Creo que “ese saber” que menciona Reherman es el que pretendió “traernos” Torres. Por eso creo que Torres no era un pintor uruguayo. Creo que en realidad no existen los pintores uruguayos. No hay una “uruguayez” plástica.
Los alumnos de Torres, los mejores, trataron de salirse del trillo ortogonal y constructivista pero siempre a través de referentes europeos. En el caso de Gurvich a través de Chagall, El Bosco, Brueghel y de los flamencos en general, tendiendo a una pintura más analítica y popular. Es cierto que temáticamente aparecen en Gurvich y Fonseca el Cerro o en Storm los gauchos, pero sólo temáticamente, no en el lenguaje.
A ese respecto

Por todo eso creo que si hay algo que distingue al arte uruguayo del resto del continente, es su fuerte europeísmo. Europeísmo que también existe en el arte argentino, pero los argentinos miran a Europa cada día. Nosotros vemos a Europa a través de los ojos de Torres. Y nos dejó un legado de austeridad, pasión, rigor y probidad que es bueno que valoremos independientemente de la vigencia o no que tengan hoy sus teorías. Porque cayó aquí, en esta perisferia provinciana demasiado temprano trayendo todo un concepto insospechado de arte moderno. Y nos cambió la cabeza a todos, a pura fuerza de carácter y convicción. Es el misterio del poder de algunos individuos. Es bueno valorarlo en este momento en que la frivolidad , el esnobismo y el mercado dominan el mundo del arte.
Es nuestro Artigas artístico.