HUGO NANTES - "GORDA CON TRENZAS"Hace un tiempo, no me acuerdo cuánto, quizá cuando me di cuenta de que me ponía viejo, se me dio por desolvidar cosas. Y escribí lo que voy a poner allá, más abajo con el título "Desolvidos".
Esos "Desolvidos" los escribí en un estilo medio "juvenil" que ustedes sabrán disculpar porque yo tenía apenas cincuenta y pico. Nunca lo colgué, porque me parecía algo que me importaba a mí solamente. Eran pedacitos de mi historia. Creo que alguna vez, en el blog de La Flaca puse algún fragmento como comentario en una entrada que era algo así como: "Dónde estabas cuando empezó la dictadura militar". O de pronto lo colgué y después lo borré y después me olvidé. El caso es que ahora, algunos sucesos de los últimos días me han hecho desolvidar lo nuevamente olvidado. Y voy a colgar esos "Desolvidos". Auque en realidad tendrían que llamarse "Y yo ni puta idea de nada en ese entonces..."
Porque no hay caso, a cierta edad, si tenés un blog, se empieza a parecer más a las necrológicas del diario que a cualquier otra cosa.
Es que hoy me enteré de que ayer se murió el "gordo" Nantes. Y yo lo había nombrado en esos mis desolvidos porque las pocas veces que estuve con él, me marcó su personalidad. Tan del interior y tan sin vueltas. Tanta humildad talentosa. No era famoso en ese entonces, pero después, no cambió.
Pero el "gordo", que ya hace años que era flaco, fue un importantísimo artista plástico uruguayo. Criticado por algunos porque no todo lo que hizo era "vanguardia" y porque usó parte de su gran talento en numerosos paisajes "convencionales" que vendía a bancos, empresas y particulares con guita. Como si los artistas no comieran...No jodan... Y además, lo que vendía, estaba bien hecho. Muy bien hecho. Y cuando lo hizo creía en eso.
HUGO NANTES - "Punta del Diablo"Pero, a pesar de que recibió muchísimas distinciones por su pintura paisajística, su fama y fundamentalmente su éxito de crítica se debió a sus esculturas. Y curiosamente, sus obras, a pesar de vanguardistas fueron muy populares. Como "Los jugadores de truco", obra de tamaño natural en la que hay una silla vacía para que el espectador se siente a jugar con los personajes. [es la imagen que ahora puse en la cabecera del blog]
"Jugadores de truco"Incontables las veces que vi gente de todas las edades sentarse en esa silla mientras la obra estuvo expuesta en la Galería del Notariado. A Nantes lo han comparado con Archimboldo, aquel italiano del Renacimiento que hacía retratos con verduras y frutas. Pero nada que ver, el "gordo" Nantes era mejor.
Dicen que en una línea parecida a la de Kienholz (aunque a mí no me lo parece mucho), denominada funk art y en la de los neodadaístas, Nantes creó un tipo de esculturas dónde se desprecian los materiales nobles y tradicionales y se utilizan materiales de deshecho, basura, papel, cuero, madera, chatarra, mallas metálicas, objetos rotos, clavos, alambres, resina y yeso, llegando a utilizar huesos de animales como soporte para los cráneos de sus personajes. Aunque no me parece que esos referentes hayan sido tenidos muy en cuenta por él dado lo que recuerdo de su relación con la teoría, aunque quizá sí, ya que realizó varios viajes de estudio. Y porque lo de Nantes no es tan surrealista. Para mí es más bien "realista" dentro de un particular expresionismo. Pero sus cosas más bien parecen salidas de algo muy uruguayo y muy del “interior”, incluso sus materiales, que son muchas veces de origen rural. En 1977 creó una serie llamada “Esperpentos” y en 1978 “Chatarras” de las cuales algunas obras participaron de los envíos a las Bienales de San Pablo, Venecia y París. Son obras muy potentes y todo lo contrario a la “belleza” amable. Son caricaturas esperpénticas del ser humano, desgarradas, embetunadas y pintadas de negro, que no ocultan su estructura hecha de desperdicios. Hay como un expresionismo barroco en esas cosas de Nantes. Cuando uno se acerca mucho a las figuras, da un poco de miedo. Y a veces asco. Y hay una cosa popular muy fuerte también. Hay quien le encuentra intenciones de denuncia social y política. No lo sé. Sólo sé que son bastante estremecedoras y que en aquella época ver esos cuerpos como apolillados o desgarrados, con la piel dejando ver los huesos y esas caras como gritando, hacía inevitables ciertas asociaciones.
Esta cabeza, por ejemplo, tiene dientes reales, quizá de cerdo.
Y esto es el busto de un vagabundo.
Y esta es la escultura de una pareja bailando tango.
Parece una pintura en esa foto, pero es una escultura.
En la anécdota en que menciono a Nantes, más abajo, en mis "Desolvidos", podrán aquilatar la inmensa bloludez que uno puede exhibir en su tierna juventud, por lo menos la boludez que yo exhibía. La vergüenza de ese momento me acompañará hasta el último día.
Atahualpa y la lectura de Julio César en El Galpón. Un cuartito chiquito, el elenco callado siguiendo hipnotizado el más mínimo gesto de aquél tipo imponente con cara de italiano del neorrealismo que con el texto en alto parecía predicar. Era todo tan denso que me distraje un poco y no me acuerdo mucho de lo que ahí pasó. Y yo ni puta idea de quién era ese viejo y de que se precisara tal quilombo para hacer una obra de teatro. Y yo ni puta idea de nada en ese entonces…
1969, los milicos en la esquina de Marco Bruto
y la callecita de la puerta de facultad
manifestamos hasta ahí para provocarlos con piedras y botellas
contraataque furioso con gases y balas de goma
corrí como un loco a refugiarme en facultad
vertiginoso camión militar por Larrañaga al norte
apenas me da tiempo de pasar por delante
sin que me reventaran
esas monstruosas ruedas
en la cabina un rubio
parece un oficial
me muestra una pistola
muy plateada y brillante
me apunta
me zambullo a la puerta
me dispara
ruedo como enroscado
bicho de la humedad
la bala nunca supe
dónde se fue a incrustar
no tuve mucho miedo
más bien fue divertido
nunca le conté a nadie
y menos a los viejos
Y yo ni puta idea de nada en ese entonces.
Mi cuarto, con retratos de Lenin, el Che, Freud y Gauguin y toda aquella gente que encontraba en la calle y ahora ya no encuentro; Bernard el australiano, paralítico de la cintura para abajo, apoyado en sus muletas, “Why Montevideou is so dark?”, Mariel la pelirroja con un look que hoy diríamos “celta” que nos traía discos de Joan Baez, Miguel el venezolano, “Qué vaina chico, cuando los vi a ustedes, tan blancos, tan europeos, me dije: se equivocó el avión, yo no estoy en América Latina…” Y sentíamos que alcanzaba con estar ahí para cambiar el mundo, que ya lo habíamos cambiado.
Mateo, cuando vivía por Villa Dolores, con una damajuana entre las piernas mostrándonos a Alfredo Vita y a mí sus últimas canciones escritas en un cuadernito pentagramado que tenía en una carpetita. Y yo ni puta idea de quién era ese coso mamado, flaco y mugriento con pinta de indigente. Y yo ni puta idea que eso era historia de la música popular uruguaya. Y yo ni puta idea de nada en ese entonces…
Se me vienen a la cabeza algunas anécdotas de Nantes.
Cuando una noche unos amigos, por hacerle una joda, lo desnudaron y lo bajaron del auto en plena calle, en San José, tuvieron que volver y rogarle que subiera otra vez, porque el gordo, en lugar de ocultarse o taparse con algo, comenzó a trotar por la calle totalmente desnudo y cantando.
Una vez, en aquellas clásicas recorridas de bar en bar que tenían lugar al finalizar las clases del taller de Edgardo Ribeiro, entraron él y Edgardito Ribeiro(hijo) a un café de la Ciudad Vieja. El café era silencioso como un monasterio y casi todas sus mesas estaban ocupadas por ancianos jugando al ajedrez. Nantes, que había entrado derecho al mostrador sin mirar, pidió una caña y sin comprender ese silencio, se dio vuelta hacia el salón, y al ver todos esos viejos concentrados no pudo resistirse a la tentación y pegó el grito más fuerte de su vida. Las consecuencias pueden imaginárselas.
Un crack el "gordo"Nantes, que ya hacía años que no era gordo. Terrible artista.
Y bueno, vaya este posteo como un humilde homenaje al "gordo", de aquel guacho atrevido y desubicado que tuvo el tupé de querer explicarle lo que era el arte, en aquel Juan Lacaze de aquel Uruguay que tenía poco que ver con este de hoy. Hoy no voy a tomar caipirinha, me voy a tomar una grappa con limón en homenaje a Nantes, aunque probablemente él en los últimos tiempos se haya pasado al whisky, no sé. Salú.
En la anécdota en que menciono a Nantes, más abajo, en mis "Desolvidos", podrán aquilatar la inmensa bloludez que uno puede exhibir en su tierna juventud, por lo menos la boludez que yo exhibía. La vergüenza de ese momento me acompañará hasta el último día.
Dejo los otros recuerditos que no tienen nada que ver con Nantes, porque le dan a la anécdota cierto contexto de época y me explican un poco a mí. Lo de Nantes es lo que está en cursiva.
"Desolvidos" o "Yo ni puta idea de nada en ese entonces"
No sé por qué me ha dado por acordarme ahora de cosas que hace poco estaban sepultadas.
Será cosa de viejo ya que no ha muchos años mi vida comenzaba de nuevo cada día y el pasado era niebla oscura y pegajosa llena de multitudes borrosas, huidizas.
Un flaco, de nombre irrecordable y cara sin edad de brazos musculosos y con las uñas sucias, me alcanzó una gorrita, de esas de policía y me dijo en un tono, entre ufano y sombrío:“Esta gorra es del coso que mató a Líber Arce y está desde ese día, colgando de ese clavo, aquí en la facultad”
La Pica, mi novia, la de Minas, la de pecho chatito y cantito al hablar, con aquel vestidito floreado y demodé, sus piernitas delgadas y sus pies algo grandes embutidos a prepo en esos zapatitos teñidos de albayalde, de taco muy finito, muy finito y muy alto, hundiéndose en el blando, derretido alquitrán de Cuchilla Grande en ese Enero caliente y ahogador mientras sonaba por primera vez “Has been a hard day night” y el vestidito al rozarme disparaba un relámpago en mi estómago.
Un bar de Juan Lacaze de esos con estaño y todo, poquita luz y mesitas de madera estampadas con circulitos de caña Ancap. El gordo Nantes, el Beto Lara y yo descansábamos de la colgada de cuadros de una exposición del Beto, y entonces, caña va, caña viene, se me despertó el teórico del arte, adolescente y soberbio y me salió una chorrera de directivas y sentencias de lo que la pintura debía ser y no. El gordo escuchó pacientemente como una hora y echándose al garguero de un golpe un vaso de caña me dijo: ¿Y vos botija, qué es lo que estás pintando? Y me quedé en blanco. Y yo ni puta idea de que estaba hablando con uno de los talentos de la plástica uruguaya. Y yo ni puta idea de que el arte era laburo y no divague… Y yo ni puta idea de nada en ese entonces…No sé por qué me ha dado por acordarme ahora de cosas que hace poco estaban sepultadas.
Será cosa de viejo ya que no ha muchos años mi vida comenzaba de nuevo cada día y el pasado era niebla oscura y pegajosa llena de multitudes borrosas, huidizas.
Un flaco, de nombre irrecordable y cara sin edad de brazos musculosos y con las uñas sucias, me alcanzó una gorrita, de esas de policía y me dijo en un tono, entre ufano y sombrío:“Esta gorra es del coso que mató a Líber Arce y está desde ese día, colgando de ese clavo, aquí en la facultad”
La Pica, mi novia, la de Minas, la de pecho chatito y cantito al hablar, con aquel vestidito floreado y demodé, sus piernitas delgadas y sus pies algo grandes embutidos a prepo en esos zapatitos teñidos de albayalde, de taco muy finito, muy finito y muy alto, hundiéndose en el blando, derretido alquitrán de Cuchilla Grande en ese Enero caliente y ahogador mientras sonaba por primera vez “Has been a hard day night” y el vestidito al rozarme disparaba un relámpago en mi estómago.
Atahualpa y la lectura de Julio César en El Galpón. Un cuartito chiquito, el elenco callado siguiendo hipnotizado el más mínimo gesto de aquél tipo imponente con cara de italiano del neorrealismo que con el texto en alto parecía predicar. Era todo tan denso que me distraje un poco y no me acuerdo mucho de lo que ahí pasó. Y yo ni puta idea de quién era ese viejo y de que se precisara tal quilombo para hacer una obra de teatro. Y yo ni puta idea de nada en ese entonces…
1969, los milicos en la esquina de Marco Bruto
y la callecita de la puerta de facultad
manifestamos hasta ahí para provocarlos con piedras y botellas
contraataque furioso con gases y balas de goma
corrí como un loco a refugiarme en facultad
vertiginoso camión militar por Larrañaga al norte
apenas me da tiempo de pasar por delante
sin que me reventaran
esas monstruosas ruedas
en la cabina un rubio
parece un oficial
me muestra una pistola
muy plateada y brillante
me apunta
me zambullo a la puerta
me dispara
ruedo como enroscado
bicho de la humedad
la bala nunca supe
dónde se fue a incrustar
no tuve mucho miedo
más bien fue divertido
nunca le conté a nadie
y menos a los viejos
Y yo ni puta idea de nada en ese entonces.
Mi cuarto, con retratos de Lenin, el Che, Freud y Gauguin y toda aquella gente que encontraba en la calle y ahora ya no encuentro; Bernard el australiano, paralítico de la cintura para abajo, apoyado en sus muletas, “Why Montevideou is so dark?”, Mariel la pelirroja con un look que hoy diríamos “celta” que nos traía discos de Joan Baez, Miguel el venezolano, “Qué vaina chico, cuando los vi a ustedes, tan blancos, tan europeos, me dije: se equivocó el avión, yo no estoy en América Latina…” Y sentíamos que alcanzaba con estar ahí para cambiar el mundo, que ya lo habíamos cambiado.
Mateo, cuando vivía por Villa Dolores, con una damajuana entre las piernas mostrándonos a Alfredo Vita y a mí sus últimas canciones escritas en un cuadernito pentagramado que tenía en una carpetita. Y yo ni puta idea de quién era ese coso mamado, flaco y mugriento con pinta de indigente. Y yo ni puta idea que eso era historia de la música popular uruguaya. Y yo ni puta idea de nada en ese entonces…
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