Hace un montón de días que no actualizo che. Es que ando escaso de ideas y las musas salieron con licencia. Así que si alguno entra de casualidad por aquí, ya que seguramente nadie me recuerda, no espere ninguna coherencia, porque este es un posteo más bien al pedo. Como no sé bien de qué hablar y de la Navidad ya hablaron otros maravillosamente, yo voy a hablar de los pajaritos.Qué tema el de los pajaritos. Vieron que los pajaritos, así como las flores y las mariposas tienen como una especie de buena prensa. Son de esas cosas incuestionables y que es políticamente correcto amar, como las madres y las ballenas. Están asociados con libertad, belleza, alegría, amor, Primavera, yo qué sé. A mí, en general, ni fu ni fa los pajaritos. Admiro a esa gente que se conoce todas las especies y sus nombres. Para mí, son pajaritos no más. Me impresionan a mí los pajaritos. Son como pedacitos de vida al pedo y de una aterradora fragilidad. Y seguramente no se dan cuenta de nada, ni siquiera de que son libres. ¿Serán libres? Ese es otro lugar común que uno no cuestiona, para no calentarse la cabeza ni ser acusado de raro y contrera. Es que uno se proyecta y se imagina que si uno fuera pájaro se sentiría muy libre. Pero eso no quiere decir que ellos lo sean. Uno no tiene la más puta idea de lo que sienten o piensan esos pedacitos de vida. Probablemente nada. Son bastante nabos los pajaritos. Cuando andando por la ruta a 140 por hora, alguna bandada se levantó a destiempo, los he visto por el retrovisor caer como pelotitas muertas sobre el asfalto después de haber golpeado en el parabrisas o el capó. A veces mueren sin tocar el auto, los mata la depresión del aire producida por la velocidad. Y a mí me da pena y un poco de culpa, pero no demasiada. La vida es así. Se me pasa enseguida. Siento que soy un elemento casi natural y el pajarito tuvo la mala idea de cruzarse en mi camino. No me duele demasiado. En cambio, si llego a atropellar un perro o un carpincho, me quedo todo el día amargado. Y a una vieja ni te digo. Me quedo mal como una semana. Si es muy vieja la vieja, no tanto. Con el carpincho lo que me pone mal es que te hace mierda el auto y queda tan hecho carozo que no me lo puedo llevar para asar a las brasas, que es un despelote de rico, en especial el costillar, que reite del lechón. Otra cosa que me da una sensación extraña es ver a esos pichones pelados en sus nidos, con el pico siempre abierto apuntando hacia arriba, la lengua temblando y esos ojos enormes, abultados...Me resultan horribles y de una voracidad obscena, solamente comparable a la mía en un asado.

¿Y un pajarito muerto, aplastado y seco? Aparte de ser un asquete, te refriega a la muerte en la cara con más claridad que ninguna otra cosa. La casi falta de carne y tamaño la vuelve una muerte más pura, más muerta, envuelta en plumas que envuelven una nadita muerta. Un elefante muerto es una masa enorme de carne podrida, pero un pajarito muerto es la muerte en estado puro. Hiede poco. Porque es un milagro que eso pueda haber estado vivo. Parece de cartón un pajarito muerto. Una manualidad mal hecha con pelusas y palitos. Es lo más liviano que existe. Una nadita. Pero ya no vuela. Y hace un ratito volaba esa nadita. Y cantaba.
Este cadavercito, por ejemplo, estaba escondido en un nido de hornero que me regaló la Flaca para decorar mi cueva. (Aprovecho la oportunidad para contárselo, ella no sospechaba que me estaba regalando un ataúd de barro en lugar de un hogar abandonado)
Este cadavercito, por ejemplo, estaba escondido en un nido de hornero que me regaló la Flaca para decorar mi cueva. (Aprovecho la oportunidad para contárselo, ella no sospechaba que me estaba regalando un ataúd de barro en lugar de un hogar abandonado)

Pero bueno, hay una enorme variedad de esos juguetitos voladores que se pasan de aquí para allá, porque sí nomás, cantando sin ton ni son. Canarios, alondras, calandrias, gorriones, ratoneras, benteveos etc. etc. etc. Y ahora viene lo increíble. Uno, que es un discapacitado tecnológico y un ignorante histórico, por más que los mira y los oye, no sospecha que está en presencia del sistema de grabación musical favorito del Siglo XVIII. Porque uno se cree que estos bichitos cantan siempre igual. Pero no es así, ahí estaban los ingleses, como siempre, para demostrarnos que la realidad se puede cambiar.
Vamos a ver si me explico.
Antes de la invención del fonógrafo, la música sonaba y después se esfumaba. Uno podía escuchar música en las iglesias, si era pobretón, siempre y cuando uno estuviera dispuesto a fumarse a un grupo de monjes boludos cantando melodías bastante aburridas acompañados de sacabuches o uno podía escuchar música en los salones si era de clase alta, pero no se la podía guardar. No podías decirle a un amigo : "No sabés lo que es el último balleto de Gastoldi, está demás, mañana te lo paso al celu". No había manera. No se podía guardar la música y chau. Estaban las partituras para los tres o cuatro que podían leerlas y de esos tres o cuatro habría uno capaz de tocarlas más o menos. Como ahora, bah. Y en las calles y mercados algunos tocaban música por oreja e intuición, pero también se esfumaba. Y si le decías al juglar, "tócala de vuelta Sam", el tipo te tocaba cualquier cosa, porque ya no se acordaba y vos tampoco. ¿Se imaginan el silencio que había en la mayoría de las casas? Por ejemplo, el viejo Bach se ponía a improvisar en el órgano para el Duque Wilhelm Ernst, se calentaba por alguna pavada, cerraba el órgano, se iba a la mierda y nunca más nadie volvía a escuchar eso. Que si el Duque hubiese tenido un IPhone otro gallo habría cantado, u otro pájaro.
Bueno, quedamos en que no se podía guardar música. Entonces los ingleses, que nunca fueron boludos, se pusieron a cazar pajaritos, los más cantores y les empezaron a enseñar las melodías de moda. Cuando el pajarito se había aprendido 10 o 15 melodías, lo vendían como quien vende un CD, pero mucho más caro.
¿Pero cómo les enseñaban? Eh?
Bueno, los metían en una jaula y durante diez u once meses y preferentemente a oscuras y sin ningún otro sonido ambiente, para evitar distracciones, les tocaban todo el tiempo, en una pequeña flauta de pico (“recorder”) las melodías que querían grabar ("record"). Les tocaban en unas flautitas de marfil, llamadas “bird-flageolet”, pero también en flautitas como esta, que es mía:
¿Pero cómo les enseñaban? Eh?
Bueno, los metían en una jaula y durante diez u once meses y preferentemente a oscuras y sin ningún otro sonido ambiente, para evitar distracciones, les tocaban todo el tiempo, en una pequeña flauta de pico (“recorder”) las melodías que querían grabar ("record"). Les tocaban en unas flautitas de marfil, llamadas “bird-flageolet”, pero también en flautitas como esta, que es mía:
Y se editaban libros con las tonadas para uso de los amaestradores. Y aquí está este librito de 1721 que no me deja mentir. Me lo encontré debajo de una losa en un viejo molino inglés en la zona de Santa Catalina, departamento de Soriano. Era de Mr. Grable, el molinero, que antes de afincarse en Soriano y dedicarse a moler trigo, había sido amaestrador de pájaros en un ignoto suburbio londinense. (Como vuestra perspicacia habrá descubierto, esto es mentira, pero dice Casciari que para escribir hay que mentir.)
Así que el librito no me deja mentir pero yo miento igual. 

Pero el librito es verdad. La palabra “recorder” designaba una de las etapas del aprendizaje y aún hoy la flauta de pico en inglés se llama “recorder” y “grabar” en inglés es “To record” y todos los aparatos que graban tienen la palabrita “REC” en algún botón, como cualquiera de ustedes puede comprobar. Así que “video cassete recorder” o “Dvd recorder” vienen de los pajaritos ingleses de los S. XVII y XVIII. ¡Qué lo parió! No somos nada.


Pero el librito es verdad. La palabra “recorder” designaba una de las etapas del aprendizaje y aún hoy la flauta de pico en inglés se llama “recorder” y “grabar” en inglés es “To record” y todos los aparatos que graban tienen la palabrita “REC” en algún botón, como cualquiera de ustedes puede comprobar. Así que “video cassete recorder” o “Dvd recorder” vienen de los pajaritos ingleses de los S. XVII y XVIII. ¡Qué lo parió! No somos nada.
Lo que no inventan estos gringos...
No era algo fácil. Había tonalidades adecuadas para cada especie de pájaro y había que tener cuidado de tocar siempre con la misma flauta. Pero ¡cómo cantaban los pequeños hijos de puta!!! Se dice que una cotorrita de Haydn podía alcanzar una octava completa y cantaba el Himno Austríaco. Claro, los pajaritos no ponían mucho sentimiento en el asunto. Ya les dije más arriba que para mí son un poco nabos los pajaritos. Por algo Carl Phillip Emmanuel Bach les decía a sus alumnos: “Toquen desde el alma, no como pájaros amaestrados”.
Lo que me puse a pensar ahora es si no habría ediciones truchas de pajaritos o cómo no se les ocurrió poner a un pajarito ya amaestrado, que vendría a ser el master, encerrado con un montón de otros pajaritos en blanco, así se hubiera logrado una producción masiva de pájaros CD mientras el amaestrador se dedicaba a tomar cerveza en algún pub o a poner un molino o un frigorífico en Uruguay.
Bueno, una vez dicho todo esto, que no sé para qué carajo lo dije, porque evidentemente ando sin ideas para postear y escribo cualquier cosa, solamente me queda hacerles escuchar una de las famosas tonadas para amaestrar pájaros del librito ese que encontré en Santa Catalina. Esta melodía era para amaestrar un canario y fue especialmente dedicada a la maravillosa Lady Flaca of the Stones City, frecuente visitante de the Duke of Curv’s Chamber in Mount Video in 1664, y gran tocadora de flauta dulce, con perdón de la palabra.
Y esta otra demuestra lo que puede hacer un gran compositor como Monsieur François Couperin, imitando esas tonadas pero dándoles un vuelo más refinado. Se llama “Le rossignol en amour” .
Fue escrita para ser tocada en clavecín. Yo la toco en flauta dulce piccolo porque en esa época había una gran libertad para tocar cosas en cualquier instrumento, porque no sé tocar el clavecín, porque la flauta piccolo es bastante parecida a un pajarito y porque se me antoja.
En esta pieza, el pajarito enamorado se pone triste y por momentos se enoja, como cualquier enamorado.
"No capitán, el pajarito está cantando "Le Rossignol en amour" de François Couperin, así que debemos estar cerca de las costas de Francia."
Entonces Cabral, que no sabía nada de música y al que la tonada le sonaba muy parecida a "Garota de Ipanema" lo mandó degollar y tirar al mar, (al grumete, no al pajarito). Porque Cabral no tenía oído pero sabía historia y tenía muy claro que él estaba descubriendo el Brasil en el 1500 y que Monsieur Couperin le Grand recién había nacido en 1668 así que no podía ser y el grumete lo estaba jodiendo y a esa altura del viaje Cabral no estaba para jodas.
"No capitán, el pajarito está cantando "Le Rossignol en amour" de François Couperin, así que debemos estar cerca de las costas de Francia."
Entonces Cabral, que no sabía nada de música y al que la tonada le sonaba muy parecida a "Garota de Ipanema" lo mandó degollar y tirar al mar, (al grumete, no al pajarito). Porque Cabral no tenía oído pero sabía historia y tenía muy claro que él estaba descubriendo el Brasil en el 1500 y que Monsieur Couperin le Grand recién había nacido en 1668 así que no podía ser y el grumete lo estaba jodiendo y a esa altura del viaje Cabral no estaba para jodas.
Dicen que Cabral, cuando descubrió Brasil, antes de avistar tierra allí, en Porto Seguro, vio a un ruiseñor que se paró en el palo mayor de la nao cantando esta tonada y dijo: "Opa!! llegamos al Brasil!", pero un grumete muy sabido en música le dijo:
Esto también es mentira, siguiendo a Casciari, pero me quedó una linda mentira, no mucho más mentira que algunas de los libros de historia.
A mí me gusta mucho esa melodía del ruiseñor enamorado...
A mí me gusta mucho esa melodía del ruiseñor enamorado...