Bueno, este Jueves, el 4, se realizó la presentación de los libros de Mariana. Fui con Bea y el Tata. La sala Vaz Ferreira estaba llena y actuaron varios amigos de Mariana con los que trabajó. Cantaron Fernando Cabrera, Ruben Olivera, Vera Sienra, Leo Masliah y Daniel Viglietti con Pablo Somma. Ana Inés Larreborges hizo una sencillísima presentación. Todo fue demasiado fuerte. Recién ahí me di cuenta de que ya no me era posible hablar con ella. Nunca más. Que ya no voy a poder decirle lo que me pasa cuando leo sus poemas. Y que cuando la leo desaparece esa especie de sutil muro que nos separaba cuando trabajábamos juntos. También me gustaría hablarle de ese muro. Y en algo debí estar muy equivocado cuando pensaba que algo la conocí. No la conocí nada. Cuando llegué, lo primero que hicimos fue comprar los libros y ahí nos enteramos por Franco, su compañero, que este material Mariana lo había acondicionado, sabiendo que se moría y lo dejó empaquetado con una cinta con una carta para Franco, autorizándolo a publicarlo. Entonces, antes de que empezara el acto, me puse a leer “Sugerencias” y no pude parar de leerlo. Lo terminé antes de entrar a la sala. Los 70 poemas. Y se me partió el corazón. Por el contenido de los poemas, porque ahí estaba la Mariana que no conocí y por el nivel estético y sensible de esa poesía, que era muy superior a lo que yo esperaba. Por lo auténtico que salía de esas paginas y que me golpeó. Porque a mí me parecía aceptable no haber sabido que escribía, pero es inaceptable que no supiera que escribía así. Y que no lo supiera nadie.
Cuando tenga tiempo voy a escanear y subir el libro completo ya que Franco me autorizó.
Por ahora van algunos de los poemas escritos entre el 92 y el 99.
Llevan este acápite:“Entremos.
La niebla se disipa”
últimas palabras de E. Dickinson
___________________________
Pájaros lejanos
me llaman,
iré.
¿A qué tanta belleza?
Nada quedará.
Hasta las rocas cambian.
No es
no fue
y andando
llega otra noche
en que respiro y sé
que todavía
estoy.
¿Así
siempre,
los desencantos?
Cónclave de agujas
en la noche
inolvidables damas crueles
yacen
agonizan
entre armarios vacíos
abandonados.
Barridas hojas
hojas al viento
hojas de otoño
huecas de savia
sin más primaveras
irán libres
¿libres?
por el aire
muriendo.
Seremos polvo olvido nada
por fin descanso paz nada
nada.
Y otra vez ese espacio
-dunas de la nada
silenciosas islas-
y ese mar tan bravo
para un animal terrestre
que sólo sabe andar
sobre tierra firme.
Cuando tenga tiempo voy a escanear y subir el libro completo ya que Franco me autorizó.
Por ahora van algunos de los poemas escritos entre el 92 y el 99.
Llevan este acápite:“Entremos.
La niebla se disipa”
últimas palabras de E. Dickinson
___________________________
Pájaros lejanos
me llaman,
iré.
¿A qué tanta belleza?
Nada quedará.
Hasta las rocas cambian.
No es
no fue
y andando
llega otra noche
en que respiro y sé
que todavía
estoy.
¿Así
siempre,
los desencantos?
Cónclave de agujas
en la noche
inolvidables damas crueles
yacen
agonizan
entre armarios vacíos
abandonados.
Barridas hojas
hojas al viento
hojas de otoño
huecas de savia
sin más primaveras
irán libres
¿libres?
por el aire
muriendo.
Seremos polvo olvido nada
por fin descanso paz nada
nada.
Y otra vez ese espacio
-dunas de la nada
silenciosas islas-
y ese mar tan bravo
para un animal terrestre
que sólo sabe andar
sobre tierra firme.
Hoy apenas
puedo
conmigo
me cargo
me sostengo
me armo
me levanto
¿Cómo flamea aún
esta bandera
en el mástil de mi cabeza?
Ahora yacen los insectos
en sus celdas huecos rincones
esperando una señal
-que amanezca-
para echarse a andar
y repetir
inútilmente
su destino de ser
insignificantes.
Cabalgan los sueños
entregados
al plenilunio
sabiéndose tiempo
brújula y norte
de los deseos
que arremangados
aún palpitan
en su agonía.
Ahora abro las compuertas selladas
descubro rendijas
digo no a los límites
los silencios
el olvido
arrastrado
como un montón de hojas secas
y sueño con fogatas.
Callaron los perros
Está cansada la tarde
en su crepúsculo de recuerdos
casi olvidados.
Crece en algún patio la plantita
en su maceta
-verde que espera agua-
pero no llueve.
Cargada está la tarde
de sueños, de nubes,
de pies que gimen
y anda por ahí
también
la esperanza.
