E N T R A D A S
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E T I Q U E T A S


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27 de septiembre de 2008

DE ARTE, CONTEXTO, CONCEPTO Y ESCUPIDERAS DEBAJO DE LOS PIANOS. Una reflexión incoherente.

De Altamira al arte conceptual.

Bueno, como decía Wimpi, uno no es nadie. y entonces claro, está lleno de dudas uno, porque uno no sabe nada. O casi nada. De las cosas del arte digo.
Porque a estar a lo que uno oye y lee con respecto a la apreciación del arte o de los hechos artísticos uno no podría apreciar nunca nada de nada si no es por lo menos primo hermano del artista y mejor si vive en la misma ciudad y en la misma casa en el mismo momento. Y no basta con eso, porque todo eso sería al pedo si uno vive en babia y no es un conocedor de su momento histórico social y cultural. Porque hete aquí que nos dicen los críticos, (que por lo que se desprende de sus artículos saben todo eso), no es posible apreciar ni juzgar una obra si no se conoce en profundidad el contexto socio-histórico-cultural en que ha sido creada. Cosa que parece que los críticos sí conocen a cabalidad. Menudo problema para mí, que tengo una noción incompleta del contexto en que se creó “Durazno y Convención” de JAIME ROSS a pesar de que trabajo a una cuadra de ahí desde hace cuarenta años. Algo sé del asunto de la murga y el barrio y el boliche, pero más o menos, porque no lo he vivido mucho.




Fijate que del EEUU de los sesenta y comienzos de los setenta vi alguna película, como “Las Fresas de la Amargura”(The strawberry Statement) o “Now”, y claro, leía Marcha, pero no creo que esas sean herramientas suficientes para entender a “Cry cry baby” cantada por JANIS JOPLIN. Pero cómo me gusta y me eriza todo.



Y de VanGogh no te digo nada. En realidad ese contexto primero holandés y después “arlesiano”, lo saco en conclusión de las propias obras del loco. Debe ser por mi abismal ignorancia que siento que el impacto que me producen sus últimos cuadros de factura furiosa y de colorismo febril, de espirales musicales, un poco japonesas y otro poco barrocas, no varía en nada por saber que estaba enamorado de una triste puta, que había querido ser predicador y que tenía inquietudes sociales. Te digo más, probablemente saber esas cosas mal sabidas, produzca bruto ruido comunicacional, que me haga pensar que el tipo eligió ese naranja porque estaba caliente con la mina y no por imperativos estéticos.


Así que de J.S.Bach, imaginate. Algo de las pelucas, que el tipo era muy creyente y que tenía muchos hijos y que andaban en carruajes y que no eran muy limpios, cosas así. Sí, ya sé que en el liceo estudiábamos el siglo XVIII. y que hay pila de libros sobre el tema. Pero no me jodan, los libros son los libros y las vivencias de una “atmósfera” epocal y local son otra cosa.


Dicen que BEETHOVEN tenía una escupidera con caca debajo del piano.

Y qué querés que te diga...no sé si eso me aporta algo para escuchar la Novena. Ni los ríos de tinta que han corrido sobre su obra. Claro, uno es un viejo, uno es hijo del modernismo y no del posmodernismo y entonces uno tiene la peregrina e ingenua idea de que las artes tienen su propio lenguaje, que cada obra tiene su propio lenguaje y que hay una parte de la obra, la más importante, que le puede hablar a cualquiera en cualquier tiempo y lugar. Que puesto uno frente a una obra es como una violación, hay que aflojarse y gozar…Lo demás es como un ruido. Y lo demás es siempre incierto. Nada más incierto y cambiante que las ciencias históricas en sus afirmaciones. Cambian casi tanto como los consejos de los pediatras. Nuestro prócer, Artigas ha pasado de asesino y contrabandista a héroe en unas pocas generaciones. Pero los azules y los cuerpos viboreantes e imposibles del GRECO van a estar siempre ahí, aunque no sepamos que empezó pintando íconos griegos y tampoco sepamos que la famosa “Casa del Greco” en Toledo, no es tal. Ni que sus modelos eran locos de asilo.

Porque nobles venidos a menos y feos, frecuentadores de burdeles debe haber habido varios en el París de fines del siglo XIX, pero ninguno pintó como LAUTREC. Y en su obra está el espíritu de una época más claro y patente que en cualquier ensayo académico. Y aunque no lo parezca, la época, el contexto, están más evidentes en su lenguaje plástico, en el gesto pictórico, en la concepción de los planos y no tanto en la anécdota. Si no, tanto daría ponerse a mirar postales porno de 1900, que también estaban buenas, dicho sea de paso, con esas gorditas que parecían de marfil y que no precisaban hacerse las lolas y el culo ni aparecer en "Bailando por un sueño" para que uno se hiciera el bocho. Es decir, que para mí, que no soy nadie, lo que hace que Lautrec sea Lautrec está ahí dentro de los límites de ese rectángulo y es todo lo que estando ahí no está ni en las postales ni en las fotos ni en la anécdota ni en ningún otro lado. El que mirando este cuadro solamente vea a dos putas, no precisa viajar al museo de Albi, con ir al quilombo de la otra cuadra, ya está.



Y la relación de REMBRANDTcon la luz y la materia pictórica seguramente tiene que ver con el apogeo de la burguesía en los Países Bajos pero a mí que me importa, si cualquier abombado se queda mareado frente a esa suntuosidad de materia, a esa pirotecnia de veladuras y esas manchas que solamente quieren hablar de sí mismas. Es que uno, por anacrónico, sigue creyendo, de testarudo nomás, que existe o puede llegar a existir, con la sensibilización necesaria, una relación bastante pura y directa entre la obra y el espectador. Si cualquier licenciado las pudiera explicar desde afuera sería la prueba de que el artista es un pelotudo que se rompe el culo inútilmente para hacer algo que se puede contar en unas páginas de una tesis. Sí, yo creo que las obras grandes hablan y no precisan de nada más que su propia voz. Es que me falta formación y por eso creo lo que me parece..



Todo esto viene a cuento, por ese asuntillo del “ARTE CONCEPTUAL” que es el obligatorio hoy día, so pena de ganarse el desprecio y la mofa de todos los críticos.



Y claro, esto me tiene mal. Debe ser porque no me da la cabeza.
Uno por ejemplo va y mira una obra “conceptual”. Como uno es un inculto y un estúpido, se cree que la obra es la obra. Pero NOOO. La obra NO es la obra.


Uno le dice al crítico o al curador, con tono medroso:

"¿esa es la obra?"

(crítico)-¡NOO!!
¿Cómo va a pensar usted que esa fotocopia de un boleto de tren es la obra?

A bueno, (dice uno), perdón, ya me parecía, porque no tiene forma…

(gesto de profundo desprecio en la cara del crítico)


Y el crítico le dice a uno: ¿Pero qué es eso de forma? Formalismo anticuado. Eso hoy es irrelevante. Importa el contexto.


Y uno va y dice:
"Es que un poco de tierra sobre un piso de parquet no me dice nada."

Y el tipo te dice:
"es que a usted le falta el CONCEPTO"


Y uno insiste y dice:
"Es que me parece que se olvidaron de barrer la galería."


Y ahí el tipo se calienta y te espeta lo que sigue, o más o menos:


"Porque no sabés ver lo fundamental, nabo. Lo fundamental es la ESTRATEGIA CURATORIAL, es decir, gil de goma, que lo que no ves en la obra te lo explica precioso el CURADOR, es decir YO, en el catálogo, que es larguísimo y trae todo lo que no está en la obra pero que viene a ser en realidad la obra. Es decir, la obra se arma en tu cabeza después de leer el catálogo. Lo que ves, eso que ves ahí, en la pared o en el piso o colgado del techo y que vos creías que era la obra, no importa un sorete. Está al pedo. Lo que importa es el GUIÓN que te presenta el CURADOR, gil. Y eso es parte esencial de la obra. ES LA OBRA."

Y bueno, ahí uno saca sus conclusiones, que por supuesto son pobres conclusiones dada la ignorancia de uno. Así que no importa si la obra es una mierda. La explicación generalmente también es una mierda, presuntuosa e impostada, pero te crea la ilusión de que esa mierda es algo importante. Y uno se queda aplastado bajo toneladas de palabras e intimidado porque se siente un enano intelectual incapaz de comprender el valor de semejante porquería esnob.
Toda esta joda empezó ya hace mucho, en pleno “modernismo”. Hubo una especie de “Tinellización” del arte. Show. El mercado y esas cosas y la necesidad de aumentar el “rating”.
Los que empezaron a romper los huevos fueron los cubistas y en seguida los abstraccionistas y los surrealistas. Pero claro, estos mantenían cierto culto trasnochado por las calidades plásticas y los ritmos y cierta mística y además tenían el defecto de que las cosas les quedaban lindas, yo qué sé, ciertos lujos de materia, de factura, cierto empecinamiento en conservar algunos códigos de la tradición. Trabajaban sobre el lenguaje plástico propiamente dicho. Una cagada, bah.




Había que terminar con esa cosa reaccionaria de pensar que el arte debía parecer arte y gustarle a la gente. Un día miraron para atrás y dijeron: "¡Qué cagada, ya está todo hecho!, ¿con qué mierda vamos a llamar la atención?" y les vino como una locura. Hasta entonces los estilos y las corrientes artísticas habían durado, yo qué sé, 50 o 100 años, o una generación. Pero los locos empezaron a cambiar primero cada año y después cada seis meses. Y al final el showman de MARCEL DUCHAMP dijo, “Yo los cago a todos, ¿saben qué?, -arte es cualquier cosa que se me antoje a mí.” Y agarró una rueda de bicicleta, la puso arriba de un banquito y se quedó de lo más contento.
Es que él quería combatir el arte “retiniano”, es decir, quería que las artes visuales no fueran más visuales. Lógico. ¿A quién se le ocurre que las artes visuales sean visuales? De repente porque buscarle nuevas vueltas de tuerca a lo visual daba mucho trabajo y le quitaba tiempo para travestirse que era otro de sus hobbies:


Y bueno, después el loco presentó un mingitorio, este de aquí abajo:





y le puso de título
“La Fontaine”

Y después, pero ya hace menos tiempo, en el 61, el italiano PIERO MANZONI se dedicó a cagar meticulosamente en latitas la exacta cantidad de 30 gramos de mierda, cerrarlas, etiquetarlas con el título “Merda d’artista” y ponerlas a la venta al precio del oro en ese momento. Hizo 90 cajitas. Se vendieron todas. ¿Qué más se puede hacer después de hacer eso?



Sobre esto hay una cantidad de estudios freudianos y junguianos que quieren demostrar que es muy artístico esto de firmar uno sus propias heces, y que es un manifiesto de un nuevo vínculo del artista y el público con su parte “anal” y bla bla bla. Pero como buen ignorante que soy, todo eso me lo paso por el culo y sigo pensando que toda esta mierda es una mierda.

Pero lo de Duchamp era como de 1913 y lo de Manzoni de 1961. Es decir que estos señores hicieron “arte conceptual” aunque no le llamaran así y aquí otros señores, después de un montón de años, casi 100, lo siguen haciendo como si fuera la gran novedad. Como ese
artista que se filmó debajo de una mesa haciéndose la paja jugando con la idea de que el público se haría el bocho por pensar que él se estaba haciendo la paja. Muy conceptual pero bastante cansador. Dalí también se hacía la paja en público y dicen que la tenía chiquita y fea. Y ya te aburren. Te masacran las pelotas. A mí me parece que desde Duchamp o un poco después, lo que hay es la sensación de que el arte se murió. Y decidieron matarlo del todo. Así que déjenlo descansar en paz. No lo jodan más al arte. Porque desde el mingitorio de Duchamp, pasando por las latitas de Manzoni y las performances que ganan los concursos del Salón Municipal, el arte está oliendo horrible, pero no está oliendo a muerto, está oliendo a mierda. A mierda arrogante y esnob.



Yo sabía que la escupidera de Beethoven iba a traer cola.

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