Sentir en los pies mojados las tiernamente agudas puntas de la pinocha. Sentir los primerizos rayos del sol en la piel de la espalda. Abrazarse desnudo a la podrida corteza de un viejo pino y desgranarla con las uñas. Respirar el olor a hongos pegajosos y revolcarse entre insectos en el tibio humus en formación. Qué éxtasis cósmico. Qué erotismo total…Qué olvido de uno mismo…
¡A la mierda!!
¡Las ocho!!!
Entró a la casa
Se bañó
Se puso el traje
Se ajustó la corbata
Tomó la laptop
Subió a la 4x4
Saludó al guardia de su barrio privado
Manejó hasta la oficina
Como todos los días.